2/5/17

ESCUELAS HABIDAS... Y POR HABER

Fotografía: Sergi Bernal
Preparando el artículo "Herminio Almendros, un maestro que quiso cambiar la escuela" para el número 4 de la revista ¡La Leche!, la documentación, las recomendaciones y la curiosidad, me fueron conduciendo (aún lo hacen) a recalar en más lecturas relativas a la historia de la Escuela en España.

En la Europa del siglo XIX empezó tímidamente a consolidarse la institución escolar fundamentalmente pensada para instruir a los niños (en masculino). En la segunda mitad de este siglo, con la Revolución Industrial, la educación se tintó de objetivos enfocados al adiestramiento de una futura y dócil mano de obra industrial que respondiera a los intereses de producción mercantil. La escuela contribuía a preparar un numeroso ejército de trabajadores para las fábricas.


Las niñas comenzaban también a tener un progresivo y lento acceso a la escolarización, aunque con contenidos, espacios y horarios diferentes a los de los varones. La formación que se les proporcionaba era mínima, y se perseguía principalmente que adquiriesen una cultura doméstica para ser hacendosas amas de casa que atendieran eficazmente a sus familias.


A finales del siglo XIX, la situación de España era de un evidente retraso con respecto a otros países. El nivel de analfabetismo superaba el 65% y más de la mitad de la población infantil estaba desescolarizada; lo que provocó una gran inquietud y toma de conciencia sobre la necesidad de impulsar la educación. En el primer tercio del siglo XX, dicho impulso fue una auténtica revolución. Las múltiples medidas e iniciativas que se emprendieron hicieron posible el florecimiento de la Escuela Moderna, la Institución Libre de Enseñanza, las Misiones Pedagógicas...

Los fundamentos de la Escuela instaurada durante estas décadas se caracterizaban por muchas de las reivindicaciones que hoy -transcurrido un siglo-, se tildan de "innovación educativa" (¡qué pernicioso es el olvido!). 
A saber: defender un amplio sentido social; la coeducación; la cooperación; el respeto por la personalidad del niño sin inculcarle preceptos ni dogmas; el laicismo; la escuela no coercitiva como medio de formación integral respetando la espontaneidad y libertad del niño; la ausencia de exámenes, de libros de texto y de premios y castigos; el uso de libros de consulta y publicaciones escolares; la experimentación e investigación; la asunción de responsabilidades; la relevancia de la estética y las artes; el contacto con la naturaleza y el medio social... Todo ello apoyado por maestras y maestros con un alto nivel de formación para cooperar con el alumnado en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 
Pero llegó la Guerra Civil y, con ella, el silencio, el olvido y 40 años de dictadura que borraron ese gigantesco impulso educativo.

De entre las lecturas que cayeron en mis manos está la que narra la impactante historia de uno de aquellos tantos maestros: Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar.

El libro incluye la reproducción de una de las sencillas publicaciones que el alumnado de Benaiges, como tantos otros, componía con la imprenta Freinet, en cuya difusión tanto contribuyó Herminio Almendros



En los breves textos impresos por los propios niños, ellos imaginan cómo será el mar al que su maestro les ha prometido llevarlos. Hay quien sospecha que será de hondo como dos veces la veleta de la torre. Hay a quien le impone la idea de bañarse en él porque tengo miedo, que me voy a ahogar. Y no falta quien sospecha que para pasar a otro pueblo hay que pasar en barco y me figuro que estará más de una hora.

Antoni Benaiges no pudo cumplir su promesa y, paradójicamente, tal vez su destino hubiese sido otro de no haber asumido el compromiso de regalarles el mar a sus niños.
Durante 75 años el silencio amordazó el entrañable recuerdo de este maestro. Como declara uno de sus alumnos, ya octogenario: no se decía nada porque había que atar mucho el morro
El silencio trae el olvido, el olvido la ignorancia de nuestra propia historia y ésta la mediocridad de una sociedad amnésica capaz de comulgar con informes PISA. 

1 comentario:

Alejandro Agustina dijo...

Muy bonita la película y todavía más el proceso educativo del maestro que prometió el mar...